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Mi Charla Pendiente con Fito Paez

August 5, 2011 por Cynthia Bagué - 3 Comments

“Como un documento inalterable… Yo vengo a ofrecer mi corazón”

El argentino Fito Páez es uno de los pilares de la canción latinoamericana. La afirmación seguramente resultará pomposa a un músico curioso, innovador, siempre en busca de nuevas formas para recrear su universo poético. Pero sus canciones delatan lo contrario.

Cuando “Euforia” fue editado en 1997, yo no tenía ni una mínima idea de su trabajo. Pero al escuchar esa combinación de voz desgajada y letras oscuras, recibí un fuerte impacto, sobre todo en el corazón. Desde entonces, soy una oyente voraz de su música.

“Cadáver exquisito”, “Tumbas de la gloria”, “Parte del aire” y “Ciudad de pobres corazones (en esta puta ciudad)”, entre otras, se antojan viajes por las páginas de una novela compleja cuyo protagonista despierta muchas cosas, pero jamás la indiferencia. Esa fascinación nos lleva a tenerle miedo o respeto.

Cuando Fito habla de temas sociales, o sobre el mundo de la música en su país, sus declaraciones suelen tomarse como controversiales. Eso me llevó a querer charlar con él; ese momento se presentó hace poco.

Era quizás la quinta vez que veía a este compositor y cineasta rosarino, pero esta vez tenía toda su atención: entró en la sala directamente hacia mí, con su imagen desgarbada, su barba sin afeitar, mostrando un poco de fastidio mañanero (no le gustan mucho las entrevistas, o eso me habían advertido). Sin embargo, a mí me pareció que este inquietante cantautor estaba muy cómodo charlando durante las dos horas que lo tuve sólo para mí.

 Hola Fito,  ¿Cómo comienzas tu día?

“Boleado, ¿dónde estoy?, ¿que dinero se usa?, ¿que idioma se habla?, esa es la primera pregunta, después entra Eli a mi habitación (Eli es su asistente personal),  me pasa la bata porque duermo desnudo, me doy un baño mientras Eli busca mi ropa, me conecta a Internet porque yo no se hacerlo, no tengo talento para eso en realidad, sigo todos los pasos pero no lo logro y lo agarra ella y entra perfecto me pego una ducha y tomo un auto para venir aquí a hablar contigo”.

   ¿Qué pasa cuando te enfrentas a tu propia obra?, ¿Te satisface?

 “Normalmente no la escucho; me cuesta verme y escucharme. Muchas veces,  un pintor encontrará cosas buenas, pero también cosas muy feas porque el punto de un artista es intentar mostrar el mundo, no su parte amable nada más. Yo supongo que eso, aunque efímero, sí tiene para el artista un plus que es la experiencia encarnada de lo que uno hace  y después como eso te hace aprender de la vida porque hacer música no es sólo llegar y cantar con cinco músicos, hay que vivir con ellos, salir de gira, empezar a conocer cómo funcionan íntimamente, cómo son sus personalidades, cómo obtener lo mejor de cada uno para  la composición, cómo hacer las ideas más claras. Entonces, esa es la experiencia  de la música”.
 ¿Crées mas íntima tu relación con tu propia música o la de la gente con tú música?

“No me lo cuestiono: cada uno hace su viaje. Una vez que dejaste el álbum o tu escenario, la música se te va de las manos, no sería tan divo para pensar que la música se debe escuchar de otra manera; me interesa todo lo que pasa con la música: desde la construcción de las secuencias hasta el efecto que produce; es alucinante porque muchas veces suceden cosas muy inesperadas que son las mejores, por supuesto”.
¿Alguna vez te has asustado de ti mismo  después de  escribir una canción?

“Sí, algunas veces sí , hay música como ‘En esta puta ciudad’  que era muy salvaje, se me salía del cuerpo decir eso,  pero también está ligado a coyunturas personales, y también a veces a coyunturas políticas y sociales, generalmente son cosas muy profundas, muy mías”.

¿Esas coyunturas sociales son las que te hacen involucrarte con política?

“Mirá, tenés  que ir a pagar el pan como todo el mundo, el efecto del dinero, a mí lo que me preocupa es la imposibilidad de poder conformarnos como nación que es alucinante, eso me alarma me preocupa y por eso muchas veces intervengo, también intervengo cuando siento que alguien no está haciendo lo suyo, sabemos que en el poder hay un montón de tentaciones ligadas a la corrupción, a la obtención de dinero fácil, y a enfrentarse a los grandes intereses y a los grandes capitales del mundo”.

Constantemente eres señalado por tus ideales sociales y políticos, ¿Cómo te sientes ante eso?

“Es que yo todavía crecí con la guerra fría un poco, e inevitablemente había el bando de los buenos y los malos que ahora sé que no era tan así; pero obviamente los buenos eran los marxistas porque ellos querían repartir  la pelota pero la condición humana hizo que esos planes no funcionaran porque el corazón del hombre es el que está podrido, y la misma sensación que tuve cuando ocurrió todo aquello fue que habían ganado ellos, los malos en ese sentido. Había una frase de Frank Chapa que decía: ‘Ellos o nosotros’, y la sensación es que ganaron ellos, pero  simplemente hay que mirar un poco para a tras al mundo, y mirar como las cosas siempre han funcionado igual, ¿no? Así que no creo que haya una conciencia colectiva para solidarizarnos o intentar que el mundo sea más justo; me parece que hay que decirlo brutalmente: la fuerza del dinero es la fuerza del corazón del hombre y se lleva todo por delante y es lo que genera las guerras y los grandes conflictos humanos. Hay que concentrarse en la verdad, me parece, sacar todo el barroquismo y deseos personales  para tratar de mirar el mundo como realmente es”.

Muchas veces tus palabras, dan la impresión de que ves al mundo desde un perfil  mas bien cínico, quizás obscuro…

“Por momentos, sí, claro que me enfoco en ese lado, es inevitable; forma parte del mundo. Claro que puedes ir al Museo del Prado y ver los goyas preciosos,  pero en un momento tienes que ir a otra sala y ver toda la época negra y todo está ubicado en el mismo lugar; son cosas que están viviendo con uno y que también hay que poner en escena; es parte de la vida, yo no le tengo miedo  a eso. Recuerdo que una vez le decían a Pedro Almodóvar que por qué no filmaba a la muerte, y dijo que era porque le daba miedo, que le daba un poco de pudor, y que se iba acercando con mucho respeto. Pero poco a poco se fue acercando a eso. En mi caso, llegué rápido a eso por mi experiencia personal  y ahora estoy más ligado a cuestiones más cercanas al humor o al disparate; sí, al sarcasmo un poquito, y eso depende de cada uno de cómo sea el mambo de cada uno. El tema es ver todo y ver que todo está ahí en el mundo y que todo eso interesa”.

¿De que manera guías a tus hijos a través de ese mundo tan hostil?

“Con amor, poniéndoles límites, estimulándolos a pintar o a hacer música, llevándome bien con sus madres, que vean que el amor no está debajo de un mismo techo nada más, que el amor es una fuerza importante”.

Entonces, ¿Fito cree en el amor?

“Claro, es una fuerza demoledora y muy positiva en un sentido; la otra idea del amor pasional se me hace un poco aburrida y chata como dirían los brasileños, porque en un segundo te paraliza, te liquida, te hace daño, y en realidad ahí me parece que están en juego situaciones personales, en el sentido de que cuando ese alguien está muy celoso o loco por algo te acribilla y eso no es el amor; el amor es otra cosa, el amor hace bien, cura, es benéfico”.

¿Hoy estás enamorado?

“No, no estoy enamorado, pero conozco otras formas de amor, las de mis hijos, la que me da la música, veo que esa es una gran energía cuando la gente te da las gracias y tú te preguntas porqué si tu sencillamente disfrutas lo que estás haciendo; pero ellos perciben y generan una energía y una fuerza que te hace entrar de una manera y salir de otra y eso se llama amor; es el poder del amor a la música y creo que eso sí puede llegar a transformar la vida”.

¿Crees que a través de la música se puede generar una nueva conciencia colectiva?

“No, yo lo que sí tengo es una cámara fría mirándome, que se llama autocrítica, en ese sentido creo que eso es muy positivo y uno tiene que concentrarse en lo suyo, pero ya querer cambiar la conciencia es otra cosa; yo recuerdo las dos jornadas que me hicieron ser músico: la primera en un concierto de Charly [García], el 7 de agosto de 1976, que lo hicieron a dos cuadras de la casa, y entonces me decidí a ser músico. Pero lo que habían hecho ellos era tan hermoso, tan cálido y tan único que eso fue lo que me trajo a estar aquí charlando. Pero concienciar a la gente, sólo se me ocurre que sea cuando uno desparrama mucha luz hacia arriba”.

 

  Discografía

 

 ** Mi especial agradecimiento a Eliseo Cardona por editar esta nota**